Una entrevista imperdible con Don Alfredo Alegría Alegría, sobrino de Ciro Alegría Bazán.
1.¿Qué se siente ser familiar directo del gran escritor peruano Ciro Alegría?
Ser familiar de Ciro Alegría -en este caso directo porque era hermano de mi padre- siempre fue un orgullo y también implica una responsabilidad. Siendo familiar tan cercano y haberlo conocido cuando tuve siete años y haber estado cerca de él en algunas oportunidades cuando él vivió en Lima, es algo que recién llegué a procesar en una adecuada dimensión durante mi adolescencia. Sus obras las leí siendo niño y para entonces estaban prohibidas de publicar en el Perú. El me dedicó una edición de "La Serpiente de Oro" en 1957 y unos años después un estudio crítico realizado sobre él por el académico alemán Hans Bunte. Cuando vivió en el Perú me parecía cuando me encontraba en Lima siendo niño que era algo sumamente normal ir a su casa y jugar con sus hijos para luego entrar a su dormitorio y tomar cualquiera de los libros de su enorme biblioteca con libros dedicados a él por autores famosos de todo el mundo y verlo rodeado de personas que después me enteré que eran escritores peruanos. Tenía yo unos doce años así que no podía todavía comprender la situación en su singularidad aunque yo sabía que él era el gran escritor. Eso sí, sentía que debía escribir y leíamos los artículos periodísticos que publicaba en el diario "Expreso".
Esos artículos fueron una forma de relacionarme mejor con él, mejor dicho de comprender el inmenso amor que tenía por el Perú.
Después de su muerte vinieron los problemas de la crítica literaria latinoamericana y me daba indignación que no pudieran comprender su obra. Los críticos se dieron a favorecer el estilo fantástico de la nueva literatura latinoamericana. Pero la publicación de su novela "Lázaro" en 1972 me dio nuevas perspectivas sobre él. Lo mismo su novela "Siempre hay caminos". Solo a mediados de la década de 1970, la crítica peruana comenzó a analizar la trascendencia de "El Mundo es Ancho y Ajeno". Como profesor que soy, la responsabilidad siempre fue mayor y en muchos casos escribí artículos periodísticos sobre Ciro en "La Industria" de Trujillo y el suplemento Lundero, de Chiclayo o me decían para hablar sobre él. En estos cien años, son ustedes quienes están realizando primero el homenaje y pienso que es realmente hermoso que los jóvenes comiencen a leerlo. Hay foros en la web sobre él y es interesante lo que piensan los jóvenes. Y es que el mundo sigue siendo ancho pero ajeno para los más humildes pero hay algo trascendente: Ciro nunca se rindió. Siempre pensó en el sentido heroico del poblador peruano que construye a puro pulso y a pese a la injusticia a nuestro país. Siempre pensó en un ideal de un Perú mejor.
Son pues muchos sentimientos que han variado a medida que ha pasado el tiempo.
2.¿Le ha traído dificultades estar vinculados con este apellido, pues Ciro fue un gran crítico y polémico?
¿Problemas? Ciro era hermano de mi padre, un tío muy querido y el gran escritor. En todo caso, los problemas serían el tener que conocer bien sus obras pero mi gusto por la literatura y la historia me facilitó ese aspecto.
3.¿Cuál es la mejor anécdota que ha escuchado en su familia acerca de Ciro?
¿Anécdotas? Me contaron que cuando Ciro era niño se fue a buscar a Dios al cerro cerca de Marcabal Grande, la hacienda que administraba su padre. Y es que le habían dicho que Dios estaba en la cima del cerro. Así que estuvieron buscándolo hasta que ya en la tarde una pastora vino con el niño. Imagínate un mundo en que un niño vague por las montañas y nadie le haga nada. Era otro mundo.
En Trujillo tenían lo justo para comer y faltaba comprar pan. Le dieron la tarea de ir a la tienda a comprar pan pero en el camino una señorita le pidió para una colecta y el entregó el dinero. Esa vez tuvieron que pasarse sin pan.
O también en la Navidad de 1931, Ciro y mi padre fueron a una reunión del partido aprista en la Casa del Pueblo que está en Pizarro. Allí estuvieron hasta las once y entonces salieron a Buenos Aires donde vivían. Entonces entró el comandante Villanueva y con sus hombres asesinó a hombres, mujeres y niños. Esa fue la masacre de Navidad. ¿Cómo no escribir sobre la injusticia?
4.¿Usted comparte la tendencia al partido aprista con Ciro?
Ciro dejó de ser aprista hacia 1943 o 1944 porque no aceptaba el autoritarismo de Haya de la Torre. Renunció al partido el cual lo consideró traidor. Cuando Ciro vino a Trujillo en 1957 y 1962 los apristas protestaron contra él pero ¿cómo puede una pequeña sombra afectar a una gran luz? Cuando volvió al Perú entró al Partido Acción Popular, del arquitecto Fernando Belaúnde Terry y postuló para diputado por La Libertad pero no pudo ganar la elección ante el partido aprista. Luego del golpe de estado de ese año hubo una junta militar organizada para nuevas elecciones pues acusaron de fraude al APRA. En estas Ciro pudo entrar a ser diputado por Lima -en Trujillo nunca hubiera ganado- y él mismo decía: "Para cambiar de ideas, cambié de partido". Toma en cuenta que yo tenía doce años entonces pero por supuesto que todos eran partidarios de Belaúnde en la familia y más con Ciro.
5. ¿Por qué cree que Ciro se dedicó a escribir la mayoría de sus obras acerca de los marginados del Perú?
Ciro siempre fue un idealista. Su padre- mi abuelo- era admirador de Gonzalez Prada, uno de los primeros que protestó contra la injusticia contra los campesinos, que entonces conocíamos como "indios".
Estuvo influenciado por las críticas al sistema injusto que escribió el escritor Abelardo Gamarra, periodista conocido como "El Tunante". Influenciaron también las primeras ideas reivindicatorias de Haya de la Torre pero curiosamente Ciro recibió más influencia de José Carlos Mariátegui, el gran ideólogo socialista. Cuando lo desterraron a Chile debido a que era entonces aprista y ese partido estaba perseguido, sus amigos fueron intelectuales socialistas. Pero lo que más influyó fue -aparte de su natural predisposición y la educación familiar- fue el compartir con los campesinos. El decía "ellos fueron mis primeros maestros". Quería decir que era el pueblo quien le había enseñado como contar las historias. Por otra parte, Ciro siempre tuvo un sentido poético de la vida y ese sentido poético lo expresó en sus obras. Pero, además, sus obras tienen el propósito de contar la profunda dignidad de un pueblo heroico y esta lucha por la dignidad humana contada con belleza y sentido épico es lo que otorga a Ciro Alegría su grandeza. No es posible comprender al Perú sin leer a Ciro, aún hoy con todos los conflictos sociales que conocemos. El Perú tiene más del 70% de sus habitantes en las ciudades. Cuando Ciro escribió sus obras era exactamente a la inversa y la injusticia era tan grande que era imposible no tomarla en cuenta.